viernes, 26 de marzo de 2010

Herencia familiar

Era temprano y oscurecía.
Gentes se reían de versos rotos,
comprados por pobres poetas de sabe quién
que bar. O eso pensaban.
La noche escapaba a los
susurros adversos del mordisco de mujer;
la tentación que pocos hombres rechazaban
al compararles con velas, tinta y papel,
y por ello se volvían hombres.
Porque el día necesitaba a la noche
para hacerse niño,
tales como mis antepasados descubiertos en fotos,
cartas y poemas, que me explicaban al oído
una historia familiar no olvidada
que atormentaba a la cana de la sabiduría,
a las barbas del recuerdo.
Dolor y recuerdos que sólo en tardes de barcos,
compartía conmigo.

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