viernes, 26 de marzo de 2010

Herencia familiar

Era temprano y oscurecía.
Gentes se reían de versos rotos,
comprados por pobres poetas de sabe quién
que bar. O eso pensaban.
La noche escapaba a los
susurros adversos del mordisco de mujer;
la tentación que pocos hombres rechazaban
al compararles con velas, tinta y papel,
y por ello se volvían hombres.
Porque el día necesitaba a la noche
para hacerse niño,
tales como mis antepasados descubiertos en fotos,
cartas y poemas, que me explicaban al oído
una historia familiar no olvidada
que atormentaba a la cana de la sabiduría,
a las barbas del recuerdo.
Dolor y recuerdos que sólo en tardes de barcos,
compartía conmigo.

viernes, 19 de marzo de 2010

Trivialdad.

Las cosas triviales de este mundo
complementan a las que de verdad importan,
pero no por ello se les resta importancia.

Son el azúcar del café de cada tarde,
son aquellos mitones que me puse
para la épica batalla de bolas de nieve,
aquella caricia que me diste
después del primer beso.

El café, amargo sería si el azúcar,
pero el azúcar solo nadie lo prueba.
Los mitones evitaron la bofetada helada
que venía hacia mí,
pero los mitones en el armario o hacen nada.

La caricia,
me arrancó la sonrisa oculta
que tu me paralizaste en boca,
pero la caricia en vano sólo esconde traición.

Así que las cosas triviales
pueden ser a la vez grandes cosas
o no servir para nada


domingo, 7 de marzo de 2010

La horca.

Caminamos con pies fríos,
a la horca, a la horca,
a la hora de la muerte injusta,
al suplicio, tormento y veneno,
que otros, antes que nosotros,
vieron venir.

Subimos las escaleras, madera podrida,
a la horca, a la horca,
debemos ocupar los puestos,
malvada soga que se ciñe cual abrazo,
triste suspiro del dolor confraternizado,
que otros cuellos ya probaron.

Nos la atan al pescuezo,
en la horca, en la horca,
sentimos que el fuego abandona,
la esperanza quiebra y la alegría llora,
nos gritan lo que otros sufrieron,
un tirón, un jadeo, la vida terminó.