viernes, 6 de noviembre de 2009

Tu ojos.

Aquellos ojos susurrantes que creo,
que no se han callado,
que no se han esfumado,
que siguen acechándome.

Es como un juego, en el que
el es el depredador
y yo la presa, que sabe que
su adversario no se atreve a morder.

Deseando tus ojos, si,
la gatita que juega con fuego,
un fuego que no quema,
queriendo tus palabras.

Anhelando la tibia oscuridad,
esa oscuridad de tus ojos,
la dulce e incitante oscuridad,
no quiero que llegue otra luz.

Otra luz... Si,
tu propia oscuridad
es veneno y droga y amor,
mi luz.

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