sábado, 30 de mayo de 2009

La culpa es mia.

En el momento que entregaste
el pasaporte para tu futuro
y te subiste al tren,
no te diste cuenta que existía.

Lloré por mi.
Me alegré por ti.

He contado los días que pasaste sin verme,
y ahora no ha cambiado nada,
¡te has ido!
Y no volverás,
pues el camino de la vida no tiene retorno posible.

Añoraré tus ojos rasgados,
tu pelo azabache,
tu sonrisa misteriosa,
pero mas que nada añoraré tu esencia.
Tu presencia en este edificio de palabras
y números,
donde yo mas sola estoy sin ver tus zapatos deportivos,
azules, recorriendo despreocupado la vida,
sin saber que te quiero.

O sólo sospechándolo.
Te quiero.
No te vayas,
ya es tarde,
¡te quiero!,
lo sé.

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